Me amo, me gustas. Me gusto, te amo

Category
Cuentos, Cuentos de hijos a hijos
About This Project

Me amo, me gustas, me gusto, te amo

Cuentos para que los hijos cuenten a otros hijos

Adolescere. Ruth Cabrito García. 2016

 

Junio es el mes en el que Paola, Gema y Laura cumplen dieciséis años. Es quizás esta coincidencia el hecho que las unió al comenzar secundaria o quizás que eran las nuevas del curso. Paola venía de otro país y Gema y Laura cambiaron de colegio. Gema y Laura estaban preocupadas porque cuatro años de inquebrantable amistad, corrían peligro, desde que hace unos meses Paola comenzara a salir con Rubén, un chaval un curso mayor. A ninguna de las dos les caía suficientemente bien pero estaban haciendo el esfuerzo de aceptar a este chico por su amiga, aunque no entendían como Paola no era capaz de ver algunas señales preocupantes en su relación con Rubén y que todos a su alrededor percibían con claridad

 

El primer mes todo parecía seguir normal solo que Paola tuvo que repartirse entre sus amigas y a su chico. Pero al cabo de un tiempo empezaron a observar como, por ejemplo, Rubén se empeñaba en decidir las películas que iban a ver en el cine, no solo cuando iba solo con Paola, incluso, cuando Paola quedaba con ellas, Rubén se permitía “sugerir” la película que tenían que ver aunque él no entrara al cine. Su osadía era tal a ojos de las dos amigas, que en las ocasiones que quedó con todo el grupo de amigos de Paola, se mostró molesto porque no se aceptaron sus propuestas. Todos pensaban que era un caprichoso consentido, acostumbrado a que se hiciera su voluntad.

 

Pasado un tiempo, empezaron a observar como Rubén no se cortaba ni un pelo en menospreciar abiertamente las opiniones de Paola en muchos temas o en criticar su modo de vestir, con gestos, ademanes o en ocasiones, de forma explícita. Pero el colmo aún estaba por llegar. Fue un día que tras un cine fueron a una pizzería y todo su afán era tratar de condicionar la elección de Paola para lo cual no se le ocurrió nada mejor que decirle “que tuviera cuidado porque las chicas gorditas perdían muchos puntos”. Aquel día Gema y Laura estaban tan indignadas que no pudieron evitar enfrentarse a él. Él se mostró callado y mohino, como habitualmente era cuando no se hacía lo que él quería, y solo dijo que lo había dicho porque comer mucha pizza no era muy sano.

 

Desde ese día, notaron que Paola quedaba menos con ellas, ponía escusas y aprovechaba a quedar cuando Rubén no estaba. Trataron de hablar con Paola sobre lo que estaba pasando, pero ella les dijo que Rubén se “sentía abandonado” cuando se quedaba solo porque “ella se iba con sus amigas”.

 

Estaban realmente preocupadas. No entendían que su amiga estuviera actuando como si se `hubiera quedado sin sangre´ y no reaccionara a lo que ellas pensaban que eran intromisiones y falta de respeto de su novio hacia ella. Además, según fue pasando el tiempo, hablar con Paola del tema, se hizo cada vez más difícil. Por un lado Paola necesitaba hablar con sus amigas de lo que pasaba con él, pero por otro lado, cuando éstas le decían que había cosas que eran inaceptables, Paola justificaba a su novio y acababa indignada y enfadada con sus amigas.

 

Gema y Ana no sabían que hacer, no sabían cómo llegar a su amiga, como abrirle los ojos porque por encima de todo, no querían perderla aunque soportar a Rubén era cada vez más difícil para ellas.

 

Afortunadamente hoy Paola les ha dicho que ha decidido romper con Rubén. Les cuenta un incidente con Rubén que ya no ha podido justificar ante sí misma. Les habla de lo que le dijeron sus padres al hablar con ellos y les agradece lo mucho que ellas también le han ayudado, aunque le cuesta entender como no ha reconocido antes la situación que ha estado viviendo con este chico.

 

– Ahora lo veo. ¿Cómo ha sido posible que no me haya dado cuenta de tantas cosas? Mis padres me lo decían. Como vosotras. Pero yo disculpaba todo en Rubén –se sincera Paola con sus amigas.

 

– Es que es alucinante como se pasan algunos tíos. Pero lo hacen porque las tías se lo permitimos. Yo no he salido con ninguno en serio, pero si me toca uno que me dice lo que puedo o no puedo hacer o como tengo que vestir o me habla mal de mis amigas, te juro que me lo dice solo una vez – dijo Gema indignada

 

– Y que te dijeron tus padres, Paola- preguntó Ana

 

-Mi madre me dijo que pensaba que era muy joven para tener una relación tan sería, de salir y quedar a todas horas con él y solo con él. Además me dijeron los dos, que el compromiso no es atadura y que una relación basada en el respeto y la aceptación no puede ser agobiante.

 

– Supongo que no es fácil y no lo estarás pasando bien, pero yo creo que has hecho lo mejor- dijo Gema. Creo que cualquier persona que esté a nuestro lado, tiene que aceptarnos tal y como somos. A Rubén parecía que todo en ti le molestaba.

 

-Creo que las parejas y los amigos o cualquier persona en nuestras vidas tiene que sumar, tiene que ayudarnos a mejorar como personas, pero no pretender que mejoremos porque no somos lo bastante buenas o buenos para ellas. – dijo Ana.

 

-Pienso que Rubén no se sentía muy bien consigo mismo, creo que no se veía lo bastante bueno ni para sí. Si no te gustas a ti mismo, no te gusta nadie y no puedes gustar a nadie. –sentenció Paola.

 

-Si en el fondo es para sentir compasión por él. Si hubiera sido más humilde, podría haberse dado cuenta de que tú eras una oportunidad para ayudarle a mejorar. Pero me temo que aún no está preparado para darse cuenta – dijo Gema.

 

-No le des más vueltas, Paola. Las personas que nos quieren, que pueden querernos de verdad, nos ayudan a crecer, no nos anulan, nos potencian e incluso sienten la satisfacción de mejorar si nosotros mejoramos- concluyó Ana.

 

– Eso es lo que me decían mis padres – dijo Paola. Me decían que si en nuestras vidas hay personas que nos perjudican, pretenden anularnos o tratan de aniquilar nuestra autoestima, es nuestra responsabilidad personal, casi una obligación, sacarlas de nuestras vidas.

 

-¡Está claro¡ la persona más importante de nuestra vida, es uno mismo y no nos respetamos ni defendemos nuestras dignidad si nos olvidamos de ello. Amarse a uno mismo no es egoísta, es señal de salud mental y equilibrio – dijo Ana.

 

-¡Que subidón de Autoestima¡ pero deja algo para nosotras- dijo riendo Gema, mientras las tres amigas se abrazaban.